Agricultura

A 30 años del gran hito de la soja, los rindes no crecen

Periodista reportando noticias

“Autorízase la producción y comercialización de la semilla de soja y productos y subproductos derrivados de esta, provenientes de la soja tolerante a un herbicida”. Con esas palabras, la Resolución 167/96 abrió el camino para el exponencial desarrollo de la soja en la Argentina. El cultivo venía creciendo en las anteriores dos décadas, pero a partir de esa medida firmada por Felipe Solá, secretario de Agricultura en el gobierno de Carlos Menem, el 25 de marzo de 1996, el área cultivada se duplicó en pocos años y la producción se triplicó en los inicios de este siglo.

El trasfondo de esa medida fue la habilitación de variedades de soja con el gen RR (Roundup Ready) que Monsanto había habilitado, casi a la par en Estados Unidos. Las dos letras con las que se bautizó el revolucionario producto pareció un “casual” reconocimiento al ingeniero Rodolfo Rossi, el genetista que había armado el primer programa de fijomejoramiento en soja en la Argentina, en la empresa Asgrow. Esas investigaciones de vanguardia y las pruebas con el gen resistente a glifosato, el herbicida que limpió miles de hectáreas y amplió la frontera agrícola argentina, pusieron al agro de nuestro país en la vanguardia mundial.

La historia posterior es más conocida, como épocas cruciales como los gobiernos kirchneristas, que aunque trataron a esta oleaginosa proteica como yuyo, alentaron sutilmente su catarata de granos y divisas para llegar hasta una superficie de 20 millones de hectáreas y 60 millones de toneladas, en la campaña 2014/2015.

Hoy, más 10 años después, la producción ha retrocedido a menos de 50 millones de toneladas, según las estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BdC), informada este viernes, en el inicio de la cosecha, marcada por lluvias diversas pero heterogéneas, y relativas en el período crítico de la definición de rindes, estancados desde hace muchos años en un promedio nacional apenas arriba de los 3.000 kilos por hectárea.

Perspectivas de una cosecha con ganas de más

Lo cierto es que en esta cosecha que viene, las lluvias no alcanzaron para recomponer estados agronómicos, particularmente en planteos de segunda, y dejaron un escenario heterogéneo.

El 41% de la soja de primera ha iniciado el período de madurez fisiológica, con más del 60% transitando dicha etapa en la zona núcleo, a la espera de que en los próximos días se generalicen las labores de cosecha.

En paralelo, comienza a relevarse los primeros lotes cosechados, con rindes dispares, por ejemplo de 45 quintales por hectárea en Marcos Juárez, 50 en Justiniano Posse y 18 en Baradero.

Por su parte, la soja de segunda presenta el 76 % del área implantada entre formación de vainas y llenado de grano y, en este contexto, las últimas precipitaciones han elevado la condición de cultivo normal/excelente en un 7%.

Bajo este escenario, la Bolsa de Cereales sostuvo la proyección de producción en 48,5 millones de toneladas.

Según la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), a pocos días del inicio de la cosecha la atención del sector está puesta en el clima. La oleaginosa, especialmente sensible a los excesos de agua en esta etapa, podría ver afectada su calidad si las precipitaciones continúan. Desde distintas localidades advirtieron que sería clave contar con al menos dos semanas de buen tiempo para avanzar sin contratiempos.

En todo caso, el beneficio de nuevas lluvias sería marginal y concentrado en siembras tardías o en la soja de segunda, donde todavía hay margen para alguna mejora.

Fuente: Clarin Rural

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