Agricultura

Alquila 73.000 hectáreas: una empresa avanza en un sistema disruptivo para sembrar campos de terceros

Periodista reportando noticias

El cambio de modelo en la siembra de granos comienza a tomar forma en la Argentina con el objetivo de mejorar el cuidado del suelo y ser sustentables a lo largo del tiempo. Uno de los impulsos viene desde La Pampa.

Una agronomía regional, con base en General Pico, que trabaja sobre una superficie arrendada de 73.000 hectáreas, fundamentalmente basado en el girasol, propone otro modelo de alquileres frente al desgaste que suele provocar el esquema de contratos anuales. La empresa, Pelayo Agronomía, impulsa una estrategia basada en ampliar los plazos de arrendamiento con los productores y realizar un seguimiento continuo del estado de los suelos, todo bajo la certificación que constaten el procedimiento.

Girasol en La Reserva, Catriló, La Pampa.

“Los rendimientos de girasol están planchados hace 20 años. Esto tiene que ver con una degradación del suelo, como consecuencia del régimen de tenencia y uso de la tierra, y con el contexto político-económico (de las últimas décadas), describió Fernando Herzel, gerente de Producción de Pelayo.

Y advierte que se alcanzó “un nivel preocupante, porque una batería muy grande de tecnologías que funcionan (fitosanitarios, semillas, fertilizantes), el crecimiento genético que es real, en el campo no pueden expresar su potencial, porque el suelo está detonado”.

Esta situación lo llevó a invitar a propietarios de campos que alquila a producir en un esquema que propone contratos de arrendamiento de 3 años y certificación de las condiciones de suelo y del proceso de producción.

La Reserva, un campo familiar con más de 100 años de historia, ubicado a unos 15 km al sur de Catriló, es uno de los que se integró a esta iniciativa, que fue presentada a productores, técnicos y empresarios, días atrás.

Herzel se reconoce como un agrónomo de la “generación RR”, que comenzó a trabajar en 1996, que vivió “aumentando dosis de glifosato durante 15 años y en los últimos 10, viendo cosas que nos hacían mucho ruido, hasta que dijimos ‘hagamos algo y generemos otro formato de trabajo en campos arrendados’, manteniendo el negocio, que es lo difícil”.

Y agregó: “Para la nueva camada de agrónomos, es la oportunidad para mejorar a tiempo. Un integrante joven de mi equipo me dijo hace poco que no quiere ser de la generación de profesionales que haya contribuido a la degradación de los suelos; es hora de darles la razón y acompañarlos en ese proceso”.

Fernando Herzel, gerente de Producción de Pelayo.

No obstante, reconoce Herzel que “convencer a un propietario que este proyecto va a requerir esfuerzo de ambas partes, que necesitamos formalidad y mediano y largo plazo, cuesta, pero nos está sorprendiendo positivamente el nivel de aceptación que está teniendo” en muchos productores.

Pelayo Agronomía se inició hace 30 años como proveedor de insumos, se volcó luego a la producción agrícola, sembrando en campos arrendados, con gestión propia, además de producir semilla fiscalizada de soja y trigo para GDM.

“Mirar más el suelo”

María García Álvarez, psicóloga y una de las propietarias de La Reserva, contó que el establecimiento es mixto e integra un grupo CREA. Intentaron introducir la siembra directa, pero no la pudieron integrar a la actividad ganadera. Así durante años trabajaron con el sistema tradicional de arrendamientos, hasta entrado este siglo.

Hacia 2016, a través de Agro Unión, el contratista agrícola que trabaja en La Reserva, se vincularon con Pelayo Agronomía, que les propuso comenzar a trabajar con plazos más largos de arrendamiento. Para certificar las condiciones de suelo, comenzaron a hacer calicatas en los lotes. María, con una curiosidad creciente, se fue acercando más al campo y comenzó a observar el suelo que “hay que aprender a mirar con paciencia, porque también habla de salud. Empezar a mirar más el suelo y lo que produce y el amor a la tierra fue fundamental”, señaló.

A fines de este año cumplirán 10 años de trabajo con Pelayo Agropecuaria lo que fue “clave para cambiar el modelo de producción que veníamos haciendo, con contratos de arrendamientos de 1 año. Esta nueva forma de trabajar no es entregar el campo a alguien de afuera, a quien solo le importa el rédito económico, sino que es una apuesta al trabajo en conjunto, de una manera totalmente novedosa”, explica, entusiasmada.

La novedad implica contratos de al menos 3 años, que en el caso de La Reserva tuvo un primer contrato de 5 años, extensible a 7. El proceso sigue y en la presentación se pudieron observar 3 calicatas en otros tantos ambientes georreferenciados, que mostraron la evolución de la estructura del suelo, que comienza a exhibir modificaciones positivas en un proceso de certificación que ya lleva 5 años.

“Con las certificaciones (AgSus e ISCC Plus), siempre está la idea de mirar a futuro. No vamos a ser los que destrozamos la tierra, nos importan nuestros hijos y lo que vendrá; lo importante es ver lo viva que está la tierra y la apuesta a trabajar de una manera diferente es el aliciente diario”, dice María.

Relacionamiento con empresas

En este contexto de impulsar una nueva forma de arrendar, la firma mantiene una relación comercial con Gente de La Pampa desde hace más de 30 años, empresa agroindustrial que produce aceite de girasol y soja, mayonesas, biodiesel, otros subproductos derivados del aceite y tiene una fábrica de alimentos balanceados. En su planta industrial de Catriló, procesa más de 250.000 toneladas de granos originadas en un radio de unos 80 km alrededor de esa localidad pampeana.

En este contexto, Pepsico, la segunda empresa alimenticia global, comprador del aceite de girasol de Gente de La Pampa, comienza a pedir certificaciones de sustentabilidad, tanto en la producción agrícola del girasol, como de la fabricación del aceite que utiliza para producir sus snacks.

Fue así que ambas empresas, Pelayo Agropecuaria y Gente de La Pampa, además de integrar sus certificaciones ISCC Plus (contratación y capacitación del personal industrial y agrícola, habilitación de maquinarias, etc.) especialmente tramitadas para ambos procesos, sumaron la de Agroecosistemas Sustentables (AgSus), grupo multidisciplinario de la Facultad de Agronomía (FA) de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam). Mediante ésta comenzaron a certificarse stocks de carbono en los suelos donde se cultiva girasol y que esos campos estén en un proceso regenerativo, garantizándose así que se mantenga la salud del suelo.

Así, sucede hace unos 2 años en varios de los campos que trabaja Pelayo Agronomía, cuya superficie representa actualmente un 20% de las 73.000 ha que siembran en campos de terceros

Las certificaciones que otorga Agsus tienen como objetivo lograr un proceso regenerativo del suelo y garantizar que se mantenga la salud del suelo. Se trata de evaluaciones Visuales del Suelo (EVS) con una metodología validada por la FAO.

“Consiste en un esquema de muestreos de suelo y en la determinación de 12 parámetros como textura, estructura, porosidad, color, macrofauna, profundidad de raíces, y compactación, entre otras), y propiedades que varían con su manejo, a partir de los cuales se puede evaluar el estado de salud del suelo y su aptitud, y busca mostrar que el productor puede regenerar y preservar la calidad del suelo con buenas prácticas”, dijo la Dra. Elke Noellemeyer, directora de AgSus e investigadora de la FA de la UNLPam, quien detalla que “estos muestreos se hacen cada 5 años e incluyen la determinación del stock de C del suelo, lo que nos permite generar bonos que valorizan el secuestro de carbono”. La evolución visual anual genera un certificado de manejo sustentable. “Si el suelo no está muy degradado la mejora se ve a partir del primer año”, asegura Noellemeyer.

Para quedarse

Tomás Lorda, gerente general Gente de La Pampa, la aceitera que hizo de puente entre los productores agropecuarios y Pepsico para producir en forma sostenible el aceite de girasol que necesita la alimentaria, enfatizó que la propuesta no es una moda, sino que “es algo real que venimos trabajando y llegó para quedarse. Estamos proponiendo organizarnos como cadena de valor para tratar de hacer un cambio de paradigma en la manera que desarrollamos la agricultura en la Argentina y en nuestra provincia. Queremos pasar no solo a una agricultura que conserve los suelos, sino que los mejore año a año, pasando a una agricultura sustentable y regenerativa”.

Y agregó que “esto genera impactos positivos para el dueño del campo que (a futuro) tendrá un campo que vale más”, dice Lorda, aunque en lo inmediato ambas certificaciones (Agsus -suelo- e ISCC Plus -gestión-) no tienen un beneficio monetario concreto.

Negocios finos

Sobre la gestión de Pelayo Agronomía, Germán Guastella, gerente general de una empresa que hace agronegocios señaló que “agregamos valor a los campos donde hacemos agricultura y lo multiplicamos” Y agregó que hace algunos años han sumado “algo de ganadería”, que “vemos como un negocio que cada vez podrá integrarse más a lo que hacemos”.

Recalcó que “todos los negocios están finos y no hay un negocio para que subsidie a otro. Estamos en un sistema de mercado en el que nos toca competir. Y va a aparecer siempre alguien que paga un poco más por alquilar un campo”, dijo, quizás tácitamente en referencia al criterio con que todavía se alquilan campos para sembrar en la Argentina. Y sumó con contundencia otro concepto: “la irracionalidad del mercado suele durar más que la solvencia de las empresas”.

Fuente: Clarin Rural

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