Agricultura

Basado en casos internacionales: proponen un nuevo modelo de ganadería ovina sustentable para impulsar la producción patagónica

Periodista reportando noticias

Un proyecto impulsado desde el sector productivo propone transformar la ganadería ovina en el departamento Deseado, Santa Cruz, a través de un esquema integral que combina infraestructura estratégica, manejo ecosistémico y financiamiento verde.

Según el trabajo impulsado por la Federación de Instituciones Agropecuarias de Santa Cruz (FIAS) y la Sociedad Rural de Puerto Deseado, el objetivo es claro: frenar la desertificación, recuperar la rentabilidad y posicionar a la Patagonia como proveedora de lana y carne con certificación ambiental.

El diagnóstico de partida es contundente. En el departamento Deseado —que abarca 6,3 millones de hectáreas y concentra 395.376 cabezas ovinas— el modelo tradicional muestra signos de agotamiento. La falta de políticas agropecuarias sostenidas, la competencia del guanaco por agua y forraje, el aumento de depredadores como pumas y zorros, y el avance de la desertificación generaron pérdida de stock, campos vacíos y caída en la producción. Actualmente, sobre 446 unidades productivas, solo 191 cuentan con RENSPA habilitado.

La herramienta central del proyecto es la construcción de una barrera física de dos metros de altura efectiva a lo largo del corredor estratégico de la Ruta Nacional 3, en una extensión estimada entre 315 y 400 kilómetros. La estructura —diseñada para resistir vientos superiores a 120 km/h y con una vida útil proyectada de 50 años— utilizaría postes o tubing petrolero recuperado, promoviendo la economía circular.

La finalidad no es solo dividir espacios, sino permitir un manejo macro-ecosistémico: regular cargas animales, ordenar la presencia de fauna silvestre, garantizar descanso del suelo y frenar la degradación. El área protegida alcanzaría aproximadamente 2,26 millones de hectáreas, involucrando a 135 establecimientos productivos.

El esquema toma como referencia experiencias internacionales como la barrera anti-dingo en Australia, que se extiende por más de 5.600 kilómetros y atraviesa tres estados.

Barrera de dos metros, hecho con IA.

Uno de los puntos sensibles del proyecto es la convivencia con la fauna. La propuesta contempla “compuertas de habilitación periódica” o eco-ductos cada 5 a 10 kilómetros, monitoreados con tecnología satelital, para asegurar conectividad genética. Dentro del área productiva se plantea que la carga de guanacos no supere el 10% de la receptividad del cluster, y que los excedentes puedan ser aprovechados comercialmente bajo normativa provincial.

En cuanto a los depredadores, el enfoque será no letal. La estrategia combina la barrera física con el uso masivo de perros protectores de ganado —que reducen la depredación hasta un 90%— y sistemas de disuasión lumínica en zonas críticas. Esto permitiría certificar la producción como “Wildlife Friendly”, abriendo mercados premium que exigen estándares ambientales estrictos.

Ganadería regenerativa y trazabilidad total

El compromiso productivo incluye adoptar protocolos nacionales e internacionales de manejo regenerativo, priorizando la rentabilidad por hectárea a partir de la salud del suelo y no la maximización de carga animal. El sistema incorporaría trazabilidad completa mediante caravanas electrónicas y tecnología blockchain, permitiendo al consumidor verificar origen y huella de carbono a través de códigos QR.

El eje ambiental es clave: la estepa regenerada podría capturar entre 0,2 y 0,5 toneladas de carbono por hectárea por año. Esa captura habilitaría la emisión de bonos de carbono bajo un esquema de “insetting regional”, es decir, compensaciones dentro del propio territorio.

El modelo financiero propone vincular la producción ovina certificada con la industria minera y petrolera de Santa Cruz. En lugar de adquirir créditos forestales en otros países, las empresas podrían invertir en “bonos santacruceños” para compensar emisiones y fortalecer su licencia social.

La amortización de la infraestructura se proyecta a 50 años y atada a “valor producto” (kilos de lana, carne o carbono), desacoplando al productor de la volatilidad financiera. El esquema prevé una combinación de aporte estatal, responsabilidad social empresaria y devolución a través de producción.

La iniciativa plantea un cambio de paradigma: pasar de una economía extractiva a una economía regenerativa. Además de revertir la desertificación y contribuir a la lucha contra el cambio climático, el proyecto busca generar empleo, arraigo rural y nuevas divisas para la provincia.

Fuente: Clarin Rural

Agricultura
Autor

Sobre nosotros

Rural News es un diario especializado en noticias del campo argentino y el sector agropecuario

Ver más