Agricultura

Comenzó con 13 vacas prestadas y hoy produce 12 millones de litros de leche al año: integró la agricultura con el tambo y comercializa lácteos de su propia fábrica

Periodista reportando noticias

Sin capital ni estudios universitarios, Damián Visconti se las rebuscó para poder construir lo que tiene hoy a lo largo de tres décadas. Armó un sistema lechero integrado con base en la reinversión permanente, la incorporación de genética, riego y manejo nutricional bajo el esquema dry lot. Así, consolidó tres tambos que producen entre 12 y 13 millones de litros anuales, generan empleo directo para 65 personas y agregan valor en origen a través de una planta láctea propia.

En 1993, al terminar el secundario, Damián se encontró frente a una realidad que marcó su destino. No había recursos para continuar estudios universitarios y el contexto familiar exigía trabajar. Fue entonces cuando su padre le hizo una propuesta que terminaría siendo fundacional: las 13 vacas que les habían prestado para atravesar una mala situación económica serían su oportunidad.

Video Qué es el sistema Dry Lot y cómo funciona en ganadería

“No te puedo pagar una universidad, pero esa va a ser tu universidad”, recuerda que le dijo. Y así fue. “Nosotros empezamos bien de cero, pero bien de cero. Nos prestaron unas vacas y las ordeñábamos a mano porque no teníamos tecnología”.

Los tres tambos están bajo el sistema de dry lot.

En esa época eran pequeños productores con algo de cría que, por necesidad, se volcaron al tambo. “Nos tocó poner los brazos y el hombro para sostener el sistema”, resumió. Durante un año y medio ordeñaron sin máquina hasta que lograron incorporar el primer equipo mecánico. Ese cambio marcó el inicio de una etapa distinta.

La transición también fue generacional. Durante 6 años trabajó junto a su padre: primero como empleado, luego como socio y finalmente alquilando el establecimiento completo. “Empecé trabajando para él, después fuimos socios y más tarde armé mi empresa”, cuenta. Hace 25 años el rodeo propio era de 30 vacas. El campo era alquilado en parte a su padre y en parte a una tía. “No teníamos nada. Todo fue creciendo de a poco”, señala.

El establecimiento tomó un nombre que refleja ese recorrido: La Perseverancia. “Uno llega rápido a veces, pero lo más difícil es sostenerlo”, afirma. Cada ampliación de superficie, cada compra de animales y cada mejora edilicia implicó asumir riesgos en contextos muchas veces adversos para la lechería. Pero la lógica fue siempre la misma: prudencia e inversión productiva. “Si tomamos algún riesgo, es para hacer algo que sabemos que nos va a generar renta”.

Los rodeos para el ordeñe no superan los 110 animales y cada animal no está más de 40 minutos para todo el proceso (descenso estrés térmico, ordeño y alimentación)..

Con el tiempo incorporaron hectáreas propias. A la par sumaron sistemas de riego. Hoy cuentan con alrededor de 180 hectáreas bajo riego: una parte produce grano de maíz húmedo para el tambo y otra fibra para silos. “Yo siempre tenía en la cabeza que si hay agua, hay que regar. Eso le da sostenibilidad al sistema”, explica.

En el tambo propio hay unas 700 vacas, con alrededor de 550 en ordeñe. El esquema reproductivo es estacionado. “Buscamos que la vaca produzca más cuando tiene menos estrés térmico”, detalla. En verano no hay partos ni guachera. “En esa época le bajamos la presión al sistema, acomodamos la caja y le damos vacaciones a la gente”, explicó.

Junto a su hermano, Luciano, sumaron dos unidades productivas más. En total, los tres tambos reúnen alrededor de 1.200 vacas. En los picos productivos alcanzan entre 42.000 y 45.000 litros diarios; en la etapa más baja, entre 30.000 y 31.000 litros. “Por año estamos en 12 o 13 millones de litros”, precisó.

Intensificación, eficiencia y agregado de valor en origen

Los tres tambos funcionan bajo sistema dry lot, sin esquema pastoril. “El que dice que es 100% pastoril tendría que demostrar que la vaca come solo pasto. Siempre hay suplementación”, sostuvo. En su caso, la decisión fue clara: la dieta totalmente mezclada (TMR) formulada por nutricionistas según categoría y estado productivo.

Las guacheras en uno de los tambos. Los nacimientos están programadas desde febrero hasta noviembre.

“Silo de maíz, alfalfa, rollo, grano… todo va al mixer. La vaca no levanta nada del campo. Cada categoría tiene su dieta particular”, explica. El objetivo es controlar variables y maximizar eficiencia. “Mientras más seguridad le das al sistema, mejor”, afirmó.

El manejo diario está diseñado para reducir estrés y tiempos muertos. Trabajan con rodeos de 110 vacas. “No queremos que estén más de 40 minutos esperando. Llegan, se mojan para bajar la temperatura, se ordeñan y salen a comer”.

Hoy las salas son de tipo espina de pescado —una de 18 bajadas y dos de 10— con tres turnos que pueden extenderse hasta 16 horas en los picos. Pero el próximo paso está en análisis. “Estamos viendo un sistema calesita. Te permite ordeñar más vacas por hora y hacerlo más amigable para la gente”, anticipa.

La mejora en alimentación y el tercer ordeñe fueron determinantes. El promedio anual cerró en 38 litros por vaca, con momentos de 40 y 42 litros. “Hay vacas que dan 70 litros o más. La eficiencia de conversión es muy buena y eso te deja litros libres”, destacó. Esos litros adicionales son los que permiten sostener la estructura y seguir invirtiendo.

La genética también es parte de la estrategia. “Estamos haciendo genoma para tomar decisiones antes, ver qué terneras nos conviene quedarnos”, explica. No se trata solo de cantidad, sino de calidad productiva a largo plazo.

El riego triplicó la producción de forraje.

La integración vertical completa el modelo. Parte de la leche se vende a la industria —entre ellas, Nestlé—, pero otra parte se procesa en origen. Junto a su hermano desarrollaron una pequeña planta láctea donde elaboran crema, queso crema y manteca bajo las marcas Daluv y Quesea. “Todo empezó desde cero: la planta, el equipamiento, la venta”, recuerda. Próximamente sumarán dulce de leche y leche en polvo pero a fazón.

El sistema emplea a unas 65 personas. “Es una pyme en el interior. Todo lo que se genera queda en el pueblo”, afirma. Desde contratistas hasta comercios locales, el impacto se multiplica en la economía regional. “La industria no siempre está en la ciudad; muchas veces está en el campo”.

Treinta años después de aquellas 13 vacas prestadas, Visconti mantiene la misma lógica que lo impulsó a comenzar. “Yo vivo agradecido de lo que uno fue haciendo. Empezar es difícil, pero sostenerlo es lo más complicado”, reflexiona.

Fuente: Clarin Rural

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