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Comunicar la agricultura: una tarea estratégica para los agricultores y los países

Periodista reportando noticias

La agricultura ocupa un lugar central en la vida de las sociedades, pero paradójicamente es uno de los sectores más relegados en los espacios de interacción social y debate público que alimentan los medios de comunicación, en los que se disputan y se resuelven problemas, se construye sentido y opinión y se definen temas relevantes para una comunidad.

En la mayoría de los países, y muy especialmente en América Latina y el Caribe, la información que circula sobre la agricultura –desde precios en tiempo real hasta boletines rurales, suplementos específicos o el trabajo de periodistas especializados y con trayectoria en la cobertura sectorial- permanece confinada a ámbitos especializados.

Se trata de un cuadro que crea una brecha profunda entre la importancia real de la agricultura y la percepción que de ella tiene la sociedad en su conjunto.

Cuando la agricultura queda reducida a un tema “sectorial”, se invisibiliza su impacto económico, social y político. Se pierde de vista su interacción con la ciencia y la tecnología, que la producción de alimentos es un pilar fundamental de la seguridad alimentaria, que el dinamismo del sector agropecuario sostiene millones de empleos directos e indirectos y que su integración con otros sectores productivos es clave para el desarrollo territorial equilibrado.

Comunicar la agricultura no es simplemente difundir información técnica o productiva. Es, sobre todo, construir una narrativa comprensible y convincente sobre su rol estratégico. Es mostrar un sector agrícola moderno, sostenible e integrado como factor decisivo para la estabilidad y la paz.

Allí donde la agricultura funciona, donde genera oportunidades y arraigo, se reducen tensiones sociales, se fortalece la cohesión territorial, se crean nuevas cadenas de valor y mejores condiciones para el desarrollo económico, social y tecnológico.

Rara vez estos vínculos están presentes en la dimensión de la arena pública. La agricultura y la vida rural suele tener poca prensa –siempre hay saludables excepciones, claro- y ser noticia apenas en contextos de crisis: sequías, escasez, conflictos por precios o impuestos, protestas o emergencias ambientales.

La narrativa que explique por qué la agricultura importa incluso cuando no hay crisis, por qué es relevante para quienes viven en las ciudades y por qué su desempeño condiciona el futuro de los países permanece distante y muchas veces ausente.

En este escenario, los ministerios de Agricultura enfrentan un desafío adicional. En muchos países, estos ministerios luchan por ganar visibilidad y peso dentro de sus propios gobiernos. Una comunicación pública más sólida y estratégica puede contribuir decisivamente a ese objetivo, mostrando que el sector agropecuario no es únicamente un asunto del sector privado, sino un eje transversal que atraviesa políticas de empleo, educación, salud, comercio exterior, ambiente y desarrollo social.

La comunicación también cumple un rol clave en la construcción de consensos. Explicar el impacto positivo de la agricultura en la seguridad alimentaria, en la generación de divisas, en la innovación tecnológica y en la sostenibilidad permite desactivar visiones simplistas o polarizadas. Permite, además, reconocer la diversidad del sector: pequeños productores, agricultura familiar, medianas y grandes explotaciones, cooperativas, cadenas de valor agroindustriales y nuevas generaciones que incorporan tecnología y conocimiento.

En este punto, los medios de comunicación tienen una responsabilidad ineludible. Así como dedican amplios espacios a la economía, la política o los deportes, la agricultura merece una cobertura sistemática, contextualizada y accesible. No se trata de propaganda, sino de información que permita a la ciudadanía comprender cómo se produce lo que consume y por qué ese proceso es vital para el bienestar colectivo.

Las redes sociales abren nuevas oportunidades, pero no reemplazan el papel de los medios tradicionales. La comunicación digital amplifica mensajes y conecta actores, pero el impacto estructural se logra cuando la agricultura entra en la agenda pública de manera sostenida, con análisis, datos y voces diversas.

El desafío de comunicar la agricultura no puede ser asumido por un solo actor. El sector público, el sector privado, los organismos internacionales, el mundo académico y la sociedad civil deben actuar de manera coordinada. Comunicar mejor la agricultura es una tarea colectiva que exige coherencia, visión de largo plazo y compromiso.

La comunicación en el ámbito agropecuario no es un lujo ni un accesorio: es una estrategia esencial para fortalecer la agricultura y, con ella, el desarrollo, la seguridad alimentaria y la paz social. Sin una narrativa clara y compartida, la agricultura seguirá siendo invisible para muchos. Con ella, puede convertirse en uno de los pilares más reconocidos y valorados del futuro de nuestras sociedades.

Fuente: Clarin Rural

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