El avance del picudo negro de la vaina de la soja, Rhyssomatus subtilis, encendió una señal de alerta en el norte del país y comenzó a captar la atención de técnicos y productores. En los últimos años, esta plaga mostró una expansión sostenida en distintas regiones, y a mediados de 2025 fue detectada por primera vez en lotes de soja de Córdoba. Más recientemente, su presencia también fue confirmada en el sudeste de Santiago del Estero y, por primera vez, en el noroeste de Santa Fe, lo que amplía su área de distribución.
Las detecciones en estas nuevas zonas surgieron a partir del trabajo de los extensionistas del INTA Analía Rausch y Facundo Colombo, quienes constataron la presencia del insecto en campos cercanos a Selva (Santiago del Estero) y luego extendieron el monitoreo hasta Ceres (Santa Fe). Para Eduardo Trumper, si bien la situación no representa aún un escenario crítico, sí requiere atención: “Estos hallazgos sugieren la expansión del área de distribución de esta importante plaga”, advirtió. En este sentido, remarcó la necesidad de incorporar el problema a la agenda técnica y fortalecer el monitoreo.
Desde el INTA, el enfoque está puesto en la prevención y el manejo temprano. Se promueve la conformación de redes de colaboración entre técnicos, asesores y productores, junto con la intensificación de las capacitaciones. En esa línea, la Agencia de Extensión Rural INTA Ceres organizó una jornada específica sobre el manejo del picudo, donde se abordaron aspectos clave de su biología, daños y control. Especialistas como Guillermina Socías y Federico Massoni coincidieron en la importancia de reforzar los monitoreos y avanzar en estrategias de manejo integrado. “La generación y sistematización de información permitirá comprender con mayor precisión la dinámica poblacional de la especie”, destacó Massoni.
Fuente: Clarin Rural