El último informe del Semáforo de Economías Regionales elaborado por Coninagro vuelve a encender luces de advertencia en buena parte del interior productivo. Al cierre de diciembre de 2025, el tablero muestra cuatro actividades en verde, nueve en amarillo y seis en rojo, reflejando un escenario heterogéneo y con señales de deterioro en comparación con meses previos.
Las actividades en rojo —yerba mate, arroz, papa, vino y mosto, hortalizas y algodón— comparten un denominador común: precios al productor que crecieron por debajo de la inflación, lo que erosiona márgenes y compromete la rentabilidad. En el otro extremo, bovinos, ovinos, granos y miel presentan mejores condiciones, con precios por encima del índice general y dinámicas productivas más favorables.
El caso porcino fue el único cambio de esta edición, tras el deterioro del componente de negocio. En los últimos doce meses, los precios subieron 17%, muy por debajo de la inflación del 31,5%. A nivel externo, las exportaciones crecieron 12%, pero las importaciones treparon 130% interanual y alcanzaron los USD 165 millones. El consumo interno llegó a 19 kilos por habitante al año. En contraste, la producción aumentó 3% y el stock cayó levemente 2%, manteniendo señales productivas positivas.
En comercio exterior, las exportaciones de las economías regionales totalizaron unos USD 59.160 millones en 2025, un 29% por encima del promedio de la última década. Sin embargo, la concentración es marcada: el 78% de las divisas provino del complejo granario y otro 8% del sector bovino. El resto de las actividades apenas explicó el 14% de los ingresos.
El semáforo en perspectiva histórica: más de una década de señales de alerta
Más allá de la foto actual, el análisis acumulado del Semáforo —publicado de manera ininterrumpida desde 2016— revela un problema de fondo: la crisis de muchas economías regionales no es coyuntural, sino estructural.
En los últimos diez años, 8 de las 19 actividades relevadas pasaron más de la mitad del tiempo en rojo. Es decir, durante más de cinco años enfrentaron condiciones críticas de rentabilidad, producción o mercado. El dato expone la persistencia de desequilibrios que trascienden los cambios de ciclo económico.
La vitivinicultura encabeza el ranking negativo, con el 70% de los informes mensuales en rojo. Le siguen los cítricos dulces, con el 69%. Ambas actividades comparten altos costos internos, fuerte dependencia del mercado externo y dificultades para trasladar aumentos a precios en contextos de inflación y presión tributaria.
Un segundo grupo con problemas crónicos lo integran la lechería y el arroz, que permanecieron en rojo el 63% de los meses analizados. En estos casos, la combinación de volatilidad de precios, presión de costos y mercados inestables configuró un escenario recurrente de márgenes ajustados. Más atrás aparecen la producción ovina, peras y manzanas, el sector forestal y la papa, con registros cercanos al 55% del período en situación crítica.
En contraste, algunas cadenas lograron mayor estabilidad relativa. Las carnes porcina, aviar y bovina superaron el 45% de los meses en verde, mostrando mayor capacidad de adaptación frente a cambios de precios y demanda, tanto en el mercado interno como en el externo. A este grupo se suman el maní y el complejo granos, actividades con mejor inserción internacional y mayor previsibilidad comercial.
Fuente: Clarin Rural