El campo argentino necesita una auténtica revolución, y dejar de contentarse con los logros del pasado, para aspirar a mucho más, de acuerdo a los datos que están a la vista.
El comercio internacional crecerá más de 30% en los próximos 5 años, y la demanda mundial de alimentos se duplica en ese periodo; y todo esto ocurre en una economía global absolutamente integrada por la revolución de la técnica en su fase de Inteligencia artificial.
El boom económico de EEUU es el impulso fundamental de la extraordinaria expansión de la economía global en este periodo histórico.
Todo esto sucede cuando las dos superpotencias del sistema mundial – EEUU y China – han llegado a un acuerdo de cooperación que será sellado por Donald Trump y Xi Jinping en Beijing el 31 de marzo de este año.
“DONMARIO” acaba de señalar algunos aspectos cruciales de este retraso tecnológico: la productividad de la soja es inmensamente superior en Brasil que en la Argentina; y Brasil alcanzó en la campaña 2024 / 2025 un rendimiento promedio de 3.5 toneladas por hectárea, mientras que en la Argentina se ubicó en 2.5 toneladas/ha.
Asimismo, la semillera estima también que la brecha productiva entre el rendimiento actual y el máximo posible en la soja argentina es de 32%; y hay que advertir que la diferencia entre el agro argentino y el brasileño reside en 2 factores: el retraso tecnológico y la escala de la inversión (en Brasil no hay retenciones).
Algo semejante ocurre con la ganancia genética de la soja, donde en Brasil alcanza a 3% anual, y en la Argentina a la mitad o menos: 1.5% / 1%. La distancia tecnológica se mide con la siguiente observación: la Argentina tiene hoy 3 biotecnologías disponibles en soja, Brasil, 5, y EE.UU, 7.
La ganadería argentina tiene ante sí un futuro de esplendor con la apertura del mercado norteamericano para sus carnes, pero necesita acelerar el paso para aprovechar a fondo esta extraordinaria oportunidad.
En el último año ha habido un cambio de rumbo del sector sumamente elogiable, que permitió un récord histórico de exportaciones por más de U$S 3.800 millones en 2025; y esto se hizo con un precio promedio de la tonelada de carne que trepó a U$S 5.400, un alza de 38% anual.
El desafío para la ganadería nacional pasa por atacar el costo argentino: infraestructura, logística, presión impositiva, y bajo nivel biotecnológico, todo lo cual impide que haya una mejora genuina y continuada de los márgenes de ganancia.
El precio de la carne en EE.UU alcanzó a U$S 5 por kilo vivo, que trepó a U$S 10 / kilogramos al presentarse en los restaurantes norteamericanos; esto es lo que dimensiona estrictamente lo que significa incorporarse a ese gigantesco mercado.
El campo argentino necesita tecnologías de precisión, de selección genética, y de manejo integrado de datos, todas ellas sustentadas en productos de última generación guiados por la Inteligencia artificial.
Hay que recordar que el Acuerdo con EE.UU habilita las transacciones de ganado en pie; y esto exige como requisito fundamental la estricta implementación de la identificación electrónica y artificial, cuya obligatoriedad está vigente a partir del 1º de enero de 2026.
En este momento, Turquía es el 2do mayor importador de ganado en pie del mundo, y se maneja con los estándares europeos de trazabilidad que son los más exigentes del sistema global; y Turquía, además, tiene un nivel de ingreso per cápita equiparable a los de Europa.
La Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) ha señalado con sentido de urgencia que la Argentina debe adoptar de inmediato los estándares de los países más avanzados en materia de propiedad intelectual – en 1er lugar EE.UU -, porque esto es una exigencia que le impone el mundo al agro argentino en los próximos 5 / 10 años; y esto vale tanto para la soja, el trigo, el algodón, y la producción frutihortícola.
Fuente: Clarin Rural