La vigésima edición de Expoagro, que culminó ayer en el fabuloso predio de San Nicolás, fue un tremendo puñetazo en la mesa nacional. Aquí está la vaca viva. Vivita, coleando, y con más ganas que nunca. El suplemento impreso de Clarín Rural (64 páginas, más “gordo” que el mismo diario) lo refleja.
Hay algunos –sobre todo en las filas de los políticos—que insisten en la muletilla del “producto primario” y la necesidad de “agregar valor”. Lo hacen con honestidad, seguramente, pero Expoagro subraya la precariedad del concepto con gruesos trazos de evidencias.
La parafernalia de máquinas, plots de semillas, exhibiciones en los stands, en el Tecnódromo (Mario Bragachini) y en las demostraciones dinámicas, muestra que para obtener un kilo de “producto primario” hace falta una línea de montaje. Y en ella concurren, en tiempo y forma (”just in time”) una tremenda cantidad de insumos, equipos y servicios con la última tecnología, mucha de ella desarrollada en el país. Pero también lo más moderno del mundo. Es lo que mostraron las más de 700 empresas que acudieron a la convocatoria de Exponenciar.
Se habló mucho de la sorprendente presencia de empresas chinas. Es cierto: llegaron muchas marcas de ese origen, hasta el punto de que algunos hablan de “invasión”. Desde tractores a camionetas, pasando por máquinas viales. El principal aporte (y bienvenido) es su bajo precio. Pero donde la oferta implica un salto tecnológico tremendo es en el tema de los drones. El dominio de DJI es total, con varios dealers en el país, con el fuerte liderazgo de Tekron, un satélite del grupo Akron. Que también está trayendo tecnología japonesa: los tractores y otros equipos de Kubota.
Japón también estuvo presente con la compañía química Sumitomo, que ofrece soluciones para protección de cultivos desde hace 25 años, pero por primera vez vino a Expoagro. Y con algo muy interesante: distribuye también los drones chinos, y es la primera empresa que está formulando agroquímicos con especificaciones para la pulverización de bajo volumen que caracterizan a estos aplicadores.
Y desde el lejano oriente también nos llega tecnología de la India. Con gran despliegue, la compañía global de semillas Advanta exhibió su genética de maíz, sorgo y girasol, donde se entreveraron con las grandes marcas mundiales.
Y por supuesto, la más reciente oleada de innovación “occidental”, con la tremenda última generación de cosechadoras y máquinas forrajeras de John Deere, Case, New Holland, Claas, ahora Fendt y también Krone, con un distribuidor desde la muy alemana colonia Crespo con una línea forrajera muy importante. Que se suma a las nacionales de tecnología italiana como las rotoenfardadoras de Yomel, dándole nueva vida al inmejorable sistema de henolaje en microsilos envueltos en film streetch.
Ni hablar de la siembra directa, los carros tolva, los “mosquitos”. Las embolsadoras y extractoras de silobolsas. Creaciones argentinas que siguen dominando ampliamente el mercado local, y muchas avanzando por el mundo con estas soluciones de la nueva agricultura. Eficiente y sustentable. Y todo esto tiene un paso adicional cuando convertimos los productos de la agricultura en proteínas animales cada vez más valoradas. Los animales no hacen fotosíntesis, le agregan valor convirtiendo energía y proteína vegetal en animal. Expoagro fue la mayor muestra ganadera a nivel mundial. Todavía hoy continúan los increíbles remates de hacienda que jalonaron toda la muestra.
Toda la tecnología del mundo forma parte de esta línea de montaje coordinada por el productor, verdadero gerenciador de la fotosíntesis. Los contratistas "prestadores de servicios", indispensables, que tuvieron su primer Cumbre en la Expo. De su mano, el grano le agrega valor a toda la ciencia que hay en una semilla, en un kilo de acero diseñado para sembrar, en un grumo de urea producido con el gas de Vaca Muerta.
Fuente: Clarin Rural