Es sorprendente el excepcional momento de la ganadería. No es un fenómeno local: involucra a todos los países productores, ante una demanda que no cede a pesar de la suba de los precios. El precio del “Novillo Mercosur” tocó la semana pasada un récord histórico, con la Argentina a la cabeza (4 dólares el kilo vivo), seguida por Uruguay, Paraguay y Brasil, en ese orden. Nadie recuerda un momento como éste. Un 50% por encima de los promedios históricos.
Lo mismo está sucediendo en los Estados Unidos, donde la escasez de terneros de reposición, después de años de liquidación de vientres como consecuencia de la sequía y el incremento de los costos, auguran un faltante crónico de hacienda para faena. Han cerrado ya algunos frigoríficos emblemáticos. Ya te contamos que esta crisis provocó la reacción del propio presidente Donald Trump, quien tras quejarse de los aumentos de precios asignó la sonada cuota de 100.000 toneladas para la carne argentina, que ya está operativa.
Una de las consecuencias de este fenómeno es la mejora de la relación de precios entre el novillo y el maíz, principal insumo en la producción de carne. Se dio la tijera perfecta: la sucesión de buenas cosechas, la irrupción imparable de Brasil con su “safrinha” (siembra de maíz sobre soja, que lo llevó en pocos años al liderazgo mundial en exportaciones), provocaron un aumento de la oferta global, sin que la demanda pudiera atajar el aluvión. Así que los precios del cereal están en los 180 dólares la tonelada, mientras el novillo gordo supera (en los EEUU) los 6 dólares el kg vivo. Una relación grano/carne de 30 kilos de maíz por kilo de carne. Los números del engorde cierran bien cuando la relación es de 10 a 1, así que estamos bastante holgados.
Pero este fenómeno, en el marco de la escasez de animales para encerrar en los feedlots, provocó un aumento más que proporcional del precio del tenero para engordar (“feeder cattle”). Esto achica tremendamente los márgenes, y la manera de compensar es echarle más kilos a los animales en engorde. Pero todo tiene un límite, ya que los novillos no son de goma, y aunque la relación grano/carne sea muy favorable, al final del día el exceso de grasa se castiga.
Desde hace treinta años, la ganadería argentina está siguiendo el rumbo tecnológico que marcó Estados Unidos desde principios del siglo pasado, cuando los novillos abandonaron las planicies y entraron al corral. La expansión agrícola llevó a producir cada vez más carne con granos, siguiendo también la demanda de los consumidores por animales más tiernos y carne con mejor marmoleado. Aquí, cuando los rindes del maíz no superaban los 35 quintales, el engorde sobre pasturas no tenía competencia y funcionaba bien la rotación de agricultura con ciclos de praderas. Pero todo cambió con la siembra directa, la limpieza de los campos gracias a la soja y la biotecnología, el aprendizaje en nutrición del maíz, la eficiencia de la maquinaria. Los rindes se triplicaron. Y sumamos dos panaceas: el silo de planta entera y el silo de grano húmedo.
Esto explica que estemos produciendo la misma cantidad de carne a pesar de que la ganadería le cedió 10 millones de hectáreas a la nueva agricultura. Pasamos de 40 a 150 millones de toneladas de granos en treinta años y logramos sostener la producción de carne.
El paisaje cambió, y el cambio se acelera. Es impresionante ver la cantidad de corrales de gran dimensión que hoy jalonan no solo la pampa húmeda, sino el NEA y el NOA. Lo que hace tres décadas se calificaba como “una moda pasajera”, llegó para quedarse.
Al mismo tiempo, la cría hizo también sus deberes. La expansión de la frontera, con las razas adaptadas a zonas templado cálidas y subtropicales, puso a la ganadería argentina en el top mundial de la mejora genética. Pero hay un enorme camino por recorrer. Productores de punta están experimentando nuevos sistemas y procesos, fundamentalmente en la conservación de forrajes, mirando la mejor forma de transferir los excedentes conservando la calidad. Por ejemplo, está entrando el henolaje de rollos empaquetados para el aprovechamiento del Gatton panic, que pierde calidad rápidamente a partir del otoño. Mucha tela para cortar… Ni hablar del aprovechamiento de los subproductos de la molienda de maíz para etanol, que fue y es una cuestión clave en la competitividad ganadera de los Estados Unidos. Y también de aquí en las zonas adyacentes a las plantas de etanol.
La posibilidad es enorme y los recursos financieros escasean. Todavía hay un 5% de derechos de exportación, encima. Y con estos valores de la carne hay un amplio paraguas para el desarrollo de la producción de otras proteínas animales. Pollo y cerdo, en conjunto, ya superan el consumo interno de carne vacuna.
Fuente: Clarin Rural