Los productos altamente proteínicos están cada vez más a la vanguardia en las cadenas transnacionales de la alimentación: la industria láctea tiene todos sus productos ampliamente fortalecidos con nutrientes extra-proteínicos, y esto en primer lugar sucede con los yogures y los quesos.
El impulso que arrastra este boom proteínico es el advenimiento de una era generalizada de preocupación por el peso físico y las condiciones de vida.
Pero el elemento decisivo de largo plazo de este vuelco masivo al consumo de productos híper proteínicos ha sido la aprobación por el gobierno de EE.UU de la droga GLP-1, creada para perder peso sin efectos secundarios de ningún tipo, salvo la pérdida relativa de cierta masa muscular, lo que requiere un complemento híper-proteínico.
El resultado es que la “Nueva Guía Dietaria” publicada por la Secretaría de Salud de EE.UU ha proclamado la necesidad de duplicar el consumo de proteínas diarias, lo que implica aumentar sistemáticamente el consumo de alimentos de alto contenido proteínico, y en especial la carne vacuna.
EE.UU es el país del “softpower” por definición; por eso hay que dar como un hecho que el boom proteínico será la regla en el mundo entero en los próximos 5 / 10 años
Los datos que proporciona el Departamento de Agricultura de EE.UU (USDA) sobre esta tendencia de fondo de la época son los siguientes: en los últimos 3 meses de 2025 el consumo de alimentos altamente proteínicos aumentó 64% anual; y se estima que la demanda proteínica global crecería 37% en los próximos 5 años, con el agregado de que 2/3 de los consumidores se muestran dispuestos a pagar más de 30% por los nuevos productos proteinizados.
Las proteínas provienen de 2 fuentes, animales y vegetales, y todas ellas están creciendo al mismo tiempo, con una notable excepción; y es que las “carnes alternativas” o de base vegetal son las únicas que caen sistemáticamente en el mundo entero. Los alimentos altamente proteínicos aumentan sin cesar, en tanto que las “carnes de base vegetal” se hunden cada vez más, y así muestra un mercado que ascendió a U$S 4.7 millones en 2021 y ahora no alcanza a U$S 300 millones en 2025.
Lo que parece estar ocurriendo es que hay una vuelta a lo natural y un rechazo a todo lo artificial; y ante todo en materia de alimentación, lo que es parte de una concepción de la “buena vida” y de la preocupación preventiva por la salud.
Atrás de este fenómeno crucial de consumo alimentario hay un cambio de tendencias de características casi civilizatorias; y es que el “enemigo público número 1” son ahora los alimentos ultra procesados ricos en azúcares y en grasas, que son los que provocan las enfermedades crónicas ligadas al consumo de este tipo de aditivos.
El epicentro de este fenómeno civilizatorio es EE.UU, en donde se ha producido un “daño antropológico” en la civilización norteamericana; y es comprensible que allí donde surgió el problema, también haya una mayor respuesta para su solución.
En el mundo de hoy todo gira alrededor de quien controla las regulaciones, y por lo tanto se anima a enfrentar a los más poderosos lobbies del mundo occidental que son los norteamericanos.
En EE.UU, las victimas principales de la pandemia de la híper – obesidad, y de sus adyacentes enfermedades crónicas, son los norteamericanos pobres, los 42 millones de estadounidenses que reciben bonos para la alimentación del gobierno federal.
Así entre los que más y menos ganan en EE.UU no sólo hay una diferencia monetaria, sino también expectativas de vida de entre 10 y 15 años entre los 2 polos del grafico estadounidense.
La población mundial, ante todo en los países avanzados, está disminuyendo aceleradamente en los últimos 10 años, como parte de una tendencia que crece vertiginosamente en la próxima década.
Por eso se requiere una fuerza de trabajo que acompañe con mejor salud a su mayor edad, y por lo tanto disponga de una alimentación de otro tipo, nada de ultra-procesados, y si con una alta carga proteínica.
Fuente: Clarin Rural