En la mañana del miércoles, en el Mercado Agroganadero (MAG) de Cañuelas ingresaron 7.575 vacunos y se confirmó una señal que el mercado venía insinuando: el freno en la escalada de precios registrada durante los primeros meses del año.
“A pesar de ser un período acotado y previo a Semana Santa, no alcanzó para revertir la tendencia del consumo”, señalaron desde el mercado. La selectividad de la demanda impactó de lleno en la dinámica de las subastas, con remates que perdieron fluidez y debieron completarse en forma particular. Recién hacia el final de la rueda, con la aparición de los lotes de vacas, los martillos lograron mayor agilidad. “Se dio una plaza ofrecida para el consumo y tomadora para la vaca”, resumieron los operadores.
De esta manera, tras más de un año de subas sostenidas y luego de alcanzar valores históricos, los precios de la hacienda dejaron de subir y, en algunas categorías, comenzaron a mostrar leves retrocesos. En el sector, la explicación es clara: la cadena comercial —matarifes, frigoríficos y carniceros— enfrenta crecientes dificultades para trasladar los aumentos al consumidor.
Límites del mercado
Un informe de la Fundación Mediterránea refuerza este diagnóstico. Luego de los fuertes incrementos de comienzos de 2026, marzo marcó una estabilización en los valores de la hacienda, lo que sugiere la aparición de un equilibrio transitorio.
“En este nuevo escenario aparecen límites tanto del lado del consumo —con menor capacidad de absorber nuevas subas— como del sector exportador, cuya rentabilidad se ve exigida por el alto costo de la materia prima en dólares”, advierte el trabajo. Incluso, no se descarta alguna corrección en el corto plazo, lo que indicaría que los máximos del primer semestre podrían haber quedado atrás.
En la misma línea, desde el MAG remarcaron que la escasez de oferta -uno de los factores que impulsó los precios récord- no se tradujo en esta rueda en una presión alcista generalizada. “El consumo sintió la selectividad de la demanda prácticamente en todos sus renglones. La calle no convalidó las subas y el movimiento en carnicerías disminuyó considerablemente”, indicaron.
Más allá de la coyuntura, los analistas coinciden en que el negocio ganadero atraviesa una etapa de transición. Por un lado, la oferta sigue condicionada por la retención de animales, un proceso clave para recomponer el stock pero que restringe la disponibilidad en el corto plazo. Por otro, el consumo interno comienza a mostrar señales de ajuste frente a precios elevados.
En este contexto, el informe de Fundación Mediterránea plantea que el mercado podría estar reconfigurándose hacia un esquema con mayor inserción internacional, una oferta en proceso de recuperación y un consumo doméstico más acotado.
Menos carne en la mesa
Los datos estructurales refuerzan esta tendencia. Según el analista ganadero Ignacio Iriarte, al 31 de diciembre de 2025 el stock bovino se ubicó apenas por encima de los 51 millones de cabezas, el nivel más bajo en 15 años. A su vez, la faena de enero y febrero marcó el registro más reducido de la última década.
Con estos números, la disponibilidad de carne vacuna también cae con fuerza. Entre consumo interno y exportaciones, se ubicaría este año en torno a los 62 kilos por habitante, muy por debajo de los niveles históricos. “En términos de carne en gancho, la oferta del primer bimestre cayó 9% interanual, lo que implica una reducción cercana a las 200 mil toneladas”, precisó.
Animales enviados a faena en el primer bimestre.
De cara a los próximos meses, todo indica que el consumo per cápita seguirá bajo presión, condicionado por los precios y la menor oferta. En paralelo, comienza a consolidarse un cambio en los hábitos alimentarios.
La carne porcina, con costos más bajos y mayor disponibilidad, gana terreno como alternativa, en un proceso de diversificación proteica que podría profundizarse en el mediano plazo.
Fuente: Clarin Rural