Agricultura

La carne, la mayor economía regional

Periodista reportando noticias

Antes de lo esperado, la Oficina del Presidente Javier Milei anunció la firma del acuerdo comercial con el gobierno de los Estados Unidos. La noticia incluye una "ampliación significativa" de la cuota de carne bovina argentina al mercado estadounidense. Si bien no hay precisiones, se supone que se estaría confirmando que esta cuota pasaría de las 20 mil toneladas actuales, a 80 mil.

Es sin duda una gran noticia para la Argentina y en particular para el sector de ganados y carnes, ya que significaría un ingreso adicional de 600 millones de dólares por año. Un incremento del orden del 20% sobre los 3.000 millones de dólares del año que termina. Pero más allá de los números, el hecho tiene importancia cualitativa. Veamos.

La carne vacuna es el producto emblemático de la canasta exportadora argentina. Es la economía regional más importante del país: hay ganado vacuno desde Jujuy a Tierra del Fuego. Fue el primer “negocio país”, que se potenció a mediados del siglo XIX cuando nos organizamos como Nación. Trajimos los Tarquinos, y en tres décadas mestizamos con sangre británica las vacas cimarronas que pululaban en las pampas. Vinieron los gringos con sus arados, praderizamos diez millones de hectáreas con alfalfa. La conquista territorial. El alambrado y el molino, el ferrocarril, los pueblos. Los frigoríficos.

Como subproducto, fuimos granero del mundo. Porque para implantar la alfalfa hacía alta refinar los suelos. Y para eso el maíz, el lino, y el trigo con alfalfa. La epopeya que contó James Scobie en “Revolución en las Pampas”. Fue la primera.

Después, entramos en un prolongado letargo. Hasta que se desencadenó la Segunda Revolución de las Pampas, a partir de un fenomenal proceso de incorporación de tecnología. En la agricultura, pero también en la ganadería. Y sobre todo, en la combinación de ambas. Agricultura para la ganadería: el silo de maíz, el engorde a corral, el silo de grano húmedo. La expansión territorial, las razas sintéticas en el norte, ahora la nueva ganadería intensiva de los valles patagónicos.

En general tendemos a tener una visión bucólica de la ganadería. Pero la realidad es que la carne vacuna es un producto de “segundo piso”. Le agrega valor a los granos. En los últimos treinta años transitamos de una ganadería exclusivamente pastoril, a un nuevo ordenamiento. Hemos aprendido a manejar los subproductos de la industria de fermentación, que arrojó al mercado millones de toneladas de forraje valioso, como la burlanda, las heces de malta, el gluten meal.

Todo eso se potencia ahora. La oportunidad exige profundizar el salto tecnológico. El paso más próximo es aumentar el peso de faena. Y no solo con políticas. Hace falta convicción. Mejorar la recría, alargarla aprovechando los recursos de siempre (pasturas y verdeos) y los forrajes conservados. Estirar los engordes, aumentando drásticamente el peso de faena. A medida que el país se siga estabilizando y –entre otras cosas—bajen las tasas de interés, será menos oneroso mantener un novillo en el corral.

Hay desafíos. Primero, cuidar la sanidad. La negociación con los EEUU no fue sencilla, ya que el lobby ganadero norteamericano se opuso fuertemente al aumento de la cuota. La escasez de carne en el mercado norteamericano provocó una sensible escalada de los precios, y el propio presidente Trump dijo sin titubear que la decisión de importar más carne era una forma de frenar esta tendencia. No cayó para nada simpático y la jefa del Departamento de Agricultura (USDA) blandió el fantasma de la aftosa. Le respondimos que es cosa del pasado. Pero a no distraerse.

Fuente: Clarin Rural

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