La noticia de la semana para el agro y para el agro (y en consecuencia para el país) es la firma del acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos para la ampliación de la cuota de importación de carne vacuna sin aranceles, que pasa de 20 mil a 100.000 toneladas. Un hecho de extraordinaria relevancia, porque implicaría exportaciones por 800 millones de dólares. Sumemos a otro rubro de singular interés: los quesos. En este caso, se logró una cuota de 20.000 toneladas, algo inédito para un mercado que protege férreamente a su producción láctea. A valores promedio según tipo de producto, pueden sumar entre 150 y 200 millones de dólares adicionales.
Esto apertura contrastó con la actitud de la UE, que a una semana de haberse cerrado el trato con el Mercosur, decidió cancelar las importaciones de biodiesel, que significaban para la Argentina unos 350 millones de dólares por año. La decisión no tiene fundamento serio: se basa en que este biocombustible estimula la producción de soja y, en consecuencia, el desmonte. Esto ya se había contemplado hace años, estableciendo un mecanismo de trazabilidad que garantizaba que el aceite usado para producir biodiesel provenía de “soja responsable” certificada.
A esto se suman las preocupaciones de sectores como el olivícola, bajo riesgo de que el acuerdo UE-Mercosur active la importación de aceite de oliva subsidiado, en particular de España. Ya planteamos esto la semana pasada. La provincia de San Juan, una de las más afectadas por el fuerte peso de la actividad, está llevando el tema al Congreso para impulsar una salvaguardia que permita equilibrar la balanza, imponiendo aranceles espejo en los países del Mercosur mientras duren los subsidios. Brasil es un gran mercado, en pleno crecimiento, y una gran oportunidad para la Argentina. Pero podría perderse si no se mantiene la preferencia Mercosur que rige actualmente (del 10%, similar a la del trigo).
Volvamos al acuerdo por la carne. A diferencia de la cuota Hilton, establecida hace casi 50 años (1979), aquí no hay requisitos especiales. La Hilton exigía que la carne proviniera de novillos engordados a pasto, con cortes de tamaño mínimo y una serie de restricciones que limitaban (y limitan) la oferta. Se fue “flexibilizando”, o más bien todos hicieron la vista gorda, sobre todo cuando arrancó fuerte la terminación con granos. Apareció felizmente otra cuota, la 481, para animales de feedlot, más acorde con la tendencia tecnológica.
Pero en el caso de la cuota con los EEUU, las únicas condiciones son las sanitarias, que no solo tratan el tema de la sanidad animal, sino de las normas de higiene y control del proceso de faena y preparación de los cortes. Toda la cadena, desde las entidades de los productores hasta la industria, (Consorcio ABC, IPCVA, Mesa de Carnes) saludaron con alborozo el acuerdo (ver página 2). Estados Unidos importa anualmente 2 millones de toneladas de carne vacuna, y exporta la misma cantidad. La carne argentina tiene un muy buen posicionamiento, tanto que se exporta casi el doble que la cuota libre de aranceles (35.000 toneladas en total). El arancel para lo que excedía la cuota de 20.000 toneladas es del 35%. Esto indica que si el mercado “aguanta” este sobre precio, la eliminación del arancel augura una rápida respuesta de la exportación. Le viene bien a la industria frigorífica, que atraviesa momentos de penuria en toda la región, frente a la escasez de novillos y los altos precios del kilo vivo.
Y aquí aparece otra consecuencia del acuerdo. Hasta ahora, lo que pasa con el precio de ganados y carnes en los Estados Unidos (el mayor mercado del mundo) no tenía correlación directa con el mercado argentino. Es de ida y vuelta: al conocerse el acuerdo con la Argentina, el valor de las 100 libras bajó de 244 a 235 dólares en el CME de Chicago. Era algo que buscaba Trump, porque la carne había subido mucho. Los cowboys estaban nerviosos y presionaban para que no se firmara el acuerdo. Los contrarios también juegan…
Fuente: Clarin Rural