Agricultura

Los drones patean el tablero: 8 claves

Periodista reportando noticias

En el año 2021 en mi primer libro La revolución digital del agro arriesgué una profecía cuando dediqué un capítulo a anticipar “El retorno de los drones”. En aquel momento apenas se vendían unas pocas decenas de estos equipos al año. El año pasado, apenas 4 años después de aquella profecía, se vendieron 3.000 drones, lo que representa un mercado que ya supera los 40 millones de dólares. Lo que en aquel momento no era otra cosa que un juguete sofisticado para observación y relevamiento hoy se ha convertido en una herramienta clave para transformar prácticas agrícolas hacia modelos más eficientes, sostenibles y basados en datos.

Ahora bien, si bien son muchos los usos de estas modernas herramientas, esta explosión de crecimiento se explica fundamentalmente por su utilización en las aplicaciones de fitosanitarios, a tal extremo que un 50% de los drones vendidos el año pasado se usaron con ese objetivo y un 4% de la superficie pulverizada utiliza drones. Las aplicaciones de fitosanitarios con drones plantea a la industria de protección de cultivos una serie de desafíos profundos, que no son solo técnicos sino también regulatorios, comerciales, científicos y culturales.

A continuación voy a desarrollarlos e intentaré anticipar las respuestas que deberá preparar la industria.

1. Los fitosanitarios actuales no fueron pensados para ser aplicados por drones. La mayoría de los fitosanitarios actuales fueron diseñados para altos volúmenes de caldo, boquillas hidráulicas convencionales, velocidades, presiones y tamaños de gota específicos. Mientras que los drones trabajan con ultra o bajo volumen, usan una atomización diferente y los tiempos de contacto y evaporación son más críticos. Es imperioso desarrollar nuevas formulaciones (coadyuvantes, surfactantes, antievaporantes) específicas para este tipo de aplicaciones.

2. Los mecanismos de validación de los fitosanitarios actuales no fueron pensados para drones. Los protocolos estándar no contemplan drones, hay escasez de ensayos multilocales validados y el SENASA y otros organismos aún no tienen criterios claros. En ausencia de datos sólidos, las empresas no pueden recomendar formalmente el uso y, por ende, asumen riesgos legales y técnicos. Urge desarrollar normativas para esta tecnología.

3. Marco regulatorio incompleto o desalineado. En Argentina el uso de drones para aplicar fitosanitarios está en una zona gris regulatoria, los marbetes no incluyen esta modalidad y no hay categorías claras de “aplicación con drones”. Para la industria: recomendar un uso no aprobado implica riesgo jurídico, limita la comunicación comercial y frena inversiones en I+D específico. Nuevamente, es urgente establecer un marco regulatorio para los drones.

4. Cambios en los paradigmas de uso. Los drones favorecen tratamientos localizados, refuerzos puntuales, intervenciones tempranas, y aplicaciones más frecuentes pero menos intensivas. Esto choca con modelos basados en una aplicación completa, recomendaciones estandarizadas por hectárea, estrategias comerciales tradicionales. La industria deberá repensar: dosis, momentos de aplicación y su integración con monitoreo digitales.

5. ¿Quién es el cliente?. Con la llegada de los drones crecen los contratistas especializados, aparecen startups tecnológicas y el productor ya no es siempre el decisor final. Esto obliga a las empresas a: capacitar nuevos perfiles, vender soluciones integradas (producto + tecnología) y redefinir estrategias de marketing técnico.

6. Gestión del riesgo de resistencia. Las aplicaciones con drones suelen ser parciales, usan menores volúmenes y pueden generar sub dosificaciones si están mal calibradas. Si no son bien manejados pueden aumentar el riesgo de resistencias, afectando la vida útil de las moléculas y generando efectos contraproducentes para el ecosistema. La industria deberá proporcionar herramientas para promover y monitorear su uso responsable.

7. Percepción pública y licencia social. Aunque los drones son percibidos como “más limpios”, cualquier falla puede generar deriva, daños a cultivos vecinos y su uso incorrecto puede generar rechazo social, presión regulatoria e impactar en la reputación de las marcas. La industria deberá participar activamente en la construcción de protocolos de buenas prácticas, capacitación, trazabilidad y transparencia.

8. Integración con agricultura digital. Los drones son herramientas ideales para generar mapas, preparar prescripciones y completar registros de aplicación. La industria enfrenta el desafío de integrar esos datos con sus plataformas, asegurar interoperabilidad y usar la información para mejorar recomendaciones. Esto exige capacidades que van más allá de la química.

La irrupción de los drones en las aplicaciones de fitosanitarios representa una profunda interpelación a la industria de protección de cultivos en su núcleo: desde cómo diseñar moléculas y formulaciones, hasta cómo validar, recomendar y comunicar su uso. Más que una amenaza, representa una oportunidad estratégica para evolucionar hacia soluciones más precisas, integradas y sustentables, siempre que logre adaptarse al nuevo paradigma tecnológico.

Fuente: Clarin Rural

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