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Producción ganadera y precios de la carne: ¿en busca de un nuevo equilibrio?

Periodista reportando noticias

El mercado de la carne bovina en la Argentina atraviesa un momento bisagra. Tras un arranque de 2026 con subas muy marcadas, los precios alcanzaron niveles históricamente altos tanto en el mostrador como en la hacienda, en un contexto donde confluyen factores locales y globales. Sin embargo, en las últimas semanas comenzaron a aparecer señales de estabilización que abren interrogantes sobre el rumbo del sector en los próximos meses.

Un informe elaborado por Juan Manuel Garzón y Franco Artusso, de la Fundación Mediterránea, analiza este escenario y plantea una serie de claves para entender qué está pasando y qué puede esperarse hacia adelante.

Precios en máximos históricos

Los datos son elocuentes. En febrero, el precio promedio de la carne vacuna al consumidor se ubicó en $15.895 por kilo, el valor mensual más alto de las últimas dos décadas en términos reales. Esto implicó un incremento del 22% respecto al mismo mes de 2025 y del 32% frente al promedio de los últimos veinte años.

La suba en góndola tiene su correlato directo en el precio de la hacienda. En el mercado de Cañuelas, el novillito —referencia clave para el consumo interno— promedió $4.745 por kilo vivo, también un máximo histórico en términos reales. En este caso, el aumento fue del 27% interanual y del 43% respecto del promedio 2006–2025.

Detrás de esta escalada aparece un factor central: la restricción de la oferta. Según el informe, la revalorización de la hacienda responde a una menor disponibilidad de animales, un fenómeno que se manifiesta tanto a nivel local como internacional.

En el plano global, la producción de carne vacuna se encuentra limitada en varios países exportadores relevantes, lo que sostiene precios elevados. A su vez, la demanda internacional se mantiene firme, especialmente en economías desarrolladas con mayor poder adquisitivo.

Este contexto externo resulta favorable para la Argentina como exportador, ya que mejora los precios de referencia y refuerza los incentivos a vender al exterior.

A nivel local, la clave pasa por un incipiente proceso de retención de hacienda, tanto de hembras como de machos. Este comportamiento suele interpretarse como una señal de recomposición del stock ganadero y de mejores expectativas en el sector.

La decisión de retener animales implica, en el corto plazo, una menor oferta de carne disponible, lo que presiona sobre los precios. Pero al mismo tiempo, sienta las bases para una mayor producción en el mediano plazo.

El informe vincula este cambio de comportamiento con un entorno de mayor previsibilidad económica y, especialmente, con una política sectorial más neutral, sin intervenciones directas ni restricciones a las exportaciones.

Una pausa en la suba

Tras los fuertes aumentos de los primeros meses del año, marzo mostró una estabilización en los precios de la hacienda. Este dato, según remarcan desde la Fundación Mediterranea, no es menor: sugiere que el mercado podría haber alcanzado un equilibrio transitorio.

En este nuevo escenario, aparecen límites tanto del lado del consumo —con menor capacidad de absorber nuevas subas— como del sector exportador, cuya rentabilidad se ve exigida por el alto costo de la materia prima en dólares.

No se descarta, incluso, alguna corrección en el corto plazo, lo que indicaría que los máximos del primer semestre ya podrían haber quedado atrás.

Uno de los ejes centrales del análisis es la tensión entre mercado interno y exportaciones. Con una oferta restringida, una mayor orientación exportadora suele traducirse en menor disponibilidad local.

Sin embargo, los economistas destacan que este es un fenómeno cíclico. Si el proceso de retención se consolida y permite recomponer el stock ganadero, en el mediano plazo podría aumentar la producción total y diluirse este conflicto.

Precios altos, pero competitivos

A pesar de los valores récord en términos históricos, la comparación internacional muestra que la carne argentina sigue siendo relativamente competitiva. Los precios locales se ubican por debajo de los observados en países desarrollados y en línea con el nivel de ingresos del país.

Esto sugiere que, en un contexto de mayor integración al mercado global, los precios internos tenderán a alinearse cada vez más con las condiciones internacionales.

De cara al futuro, el informe plantea que el mercado podría estar transitando hacia un nuevo equilibrio, con mayor inserción internacional, una oferta en proceso de recuperación y un consumo interno que tenderá a ajustarse.

En este contexto, es probable que el consumo per cápita de carne vacuna continúe disminuyendo en el corto plazo, presionado por los precios y la menor disponibilidad.

Al mismo tiempo, podría consolidarse un cambio en los hábitos alimentarios. La carne porcina, con costos más bajos y una oferta más abundante, aparece como una de las principales alternativas, en un proceso de diversificación proteica que podría sostenerse en el tiempo.

Fuente: Clarin Rural

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