Ganadería

Un sonoro puñetazo en la mesa

Periodista reportando noticias

El hecho saliente de la semana transcurrió en Brasilia, donde se eligió al sucesor del argentino Manuel Otero al frente del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura. Esto sucedió en el marco del encuentro anual de los 34 ministros o máximos responsables agrícolas de los países del continente americano.

El evento sirvió para calentar motores ante la inminente COP30, la cumbre ambiental que arranca el lunes próximo en Belem do Pará, en el norte de Brasil. Es que uno de los ejes centrales de la gestión de Otero fue precisamente impulsar un cambio en la visión acerca del impacto de la agricultura en la cuestión del cambio climático. Le salió al cruce al prejuicio generalizado, particularmente en la visión europea, de que el agro es parte del problema. Desde el IICA, en los últimos años, se inició una fuerte campaña, basada en evidencias, para terminar con los mitos y dar vuelta la taba. El agro puede ser parte de la solución.

Es que no hay una sola agricultura. En el mundo conviven las formas tradicionales, que sí contribuyeron de manera ponderable a incrementar el tenor de CO2 en la atmósfera. La agricultura nació con el arado y todas las herramientas complementarias para preparar las camas de siembra y proteger a los cultivos del embate de las malezas. Con eso se logró alimentar a una creciente población mundial. Pero tuvo una externalidad negativa: la pérdida de materia orgánica de los suelos, que pasaron a ser un mero soporte para que las plantas desplieguen su virtud fotosintética.

Esa materia orgánica es CO2 en el aire. Además, el agro sumó millones de toneladas de CO2 a través de la quema de fósiles. Y lo sigue haciendo.

Pero desde las Américas, en particular desde el Sur del continente, irrumpieron nuevas tecnologías. El arado recibió cristiana sepultura, apareció la siembra directa, abanderada del nuevo paradigma de una “agricultura más liviana”. Final de los implementos de tortura de los suelos. Biotecnología, materiales livianos como la fibra de carbono, el silo bolsa como fórmula de almacenaje flexible, una revolución logística y comercial.

Esto es lo que configura una nueva sustancia, y que en la gestión Otero en el IICA cobró vuelo global. El habla de que hay una nueva “narrativa”, y no es verso. Es el relato de algo que está pasando.

Todo tiene que ver con todo. El lunes mismo, mientras arranca la COP30, abre sus puertas la Agritechnica de Hannover, el mayor salón de maquinaria agrícola del mundo. Allí, de la mano de Exponenciar (organizadora de Expoagro) habrá un pabellón argentino en el que se exhibirán, precisamente, las perlas de estos nuevos desarrollos. Y estarán también los productos seleccionados por el Premio Ternium Expoagro en su última edición, que cuenta entre los jurados a destacados expertos alemanes, que siempre se sorprenden por el embate creativo de la inteligencia pampeana. Allí estará Marinelli Technology con su módulo de automatización, un aporte en la era de los robots, con el atributo de que lo que se automatiza no es más de lo mismo, sino los procesos característicos de nuestra nueva agricultura. Hay varias empresas que están entrando fuerte en particular en Europa del Este, como la fábrica de sembradoras Crucianelli, en una clara muestra de que el nuevo paradigma de la directa está perforando la tradición. Bulgaria y Rumania emergen como los más interesados en la nueva tendencia.

Fuente: Clarin Rural

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